ofrecer nuestra singularidad

nadie tiene que acoger nuestra vulnerabilidad, solo uno. la excelencia no excluye la limitación. uno es suficiente, adecuado. cada uno es digno de ser amado, comprendido, escuchado, cuidado. no tenemos que ser más de lo que somos, ni dar más de lo que podemos dar. para ser queridos por otros, o la sociedad no tenemos que ser y hacer lo que espera el otro de nosotros. nadie nos tiene que confirmar que existimos, existir en nuestra confirmación. uno no tiene que definirse para encajar en los moldes de otros. somos nuestro suelo firme, nuestro apoyo, tierra fértil. uno solo puede sanar sus heridas, a través de mirar, atender, dejar ser y cuidar sus partes limitadas. uno ha de aceptar su humanidad, no estar por encima de ella, acogerla compasión. hemos de reconciliarnos con nuestro momento presente, no huir de él. uno ha de habitarlo, escucharlo. no deberíamos ser de ninguna manera particular. sencillamente debemos ser. uno da lo que tiene y no da lo que no tiene. no somos mucho ni poco, sencillamente somos. reconocer nuestra sombra nos abre al reconocimiento de nuestra luz. no hay santidad sin vulnerabilidad. solo nos podemos unir completamente al otro en nuestra verdad completa. todo lo que es, por el hecho de ser, tiene dones únicos y es especial/singular. no podemos desconectarnos de nuestra singularidad. cuando pretendemos ser lo que no somos o cuando no expresamos lo que realmente somos, perdemos nuestro ser singular. uno ha de tener la honestidad de aceptar su verdad aquí, ahora, es esa actitud que nos abre a verdades superiores. no tenemos que saber más de lo que sabemos, aquí, ya. si uno se permite ser vulnerable, los otros nos verán y sentirán realmente, más allá del rol que asumimos, nuestra persona. nuestra expresión espontánea es la única que es suficiente. no podemos forzar nada. planeé uno nada mas que lo imprescindible, espere, lo inesperado. uno has de estar dispuesto a respetar los ritmos de su proceso. fidelidad, fe activa. no alimente uno relatos, uno ha de vivir conscientemente, comprometido con la verdad, esa es la más elevada práctica espiritual y la que ha de fundamentar todas las demás. no instrumentalicemos a los demás para nuestros fines, propiciemos la verdadera intimidad compartida. no pretenda hablar uno de lo que no sabe. la vida nos pide nuestra manera. nuestro lugar de seguridad es cualquier experiencia presente, porque la aceptación radical de esa experiencia nos sitúa en nuestro fondo estable, en la unidad incondicional que no depende de las circunstancias. uno ha de abrirse confiadamente y rendirse a la experiencia de la luz, la unidad y la felicidad. confiar en que la voluntad de la vida es para cada uno la perfecta felicidad. nuestro ser espontáneo y relajado es lo único en nosotros que es digno de ser amado, cuidado, escuchado, mirado. este uno en la docilidad de vivir en la escucha y la obediencia.

en mis diálogos con mi querida mónica cavallé. mónica te hace que consigas atravesar un tornado con una vela encendida. ella, es un mapa del infinito.

1 comentario en “ofrecer nuestra singularidad”

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